En el mundo actual, la velocidad con la que se suceden los cambios en la realidad y la manera de concebirla, pone en crisis la claridad de los conceptos y categorías que sobre ella se han construido, exigiendo un mayor esfuerzo de apertura que nos permita analizarla de distintas maneras. Esta situación impone a la escuela la necesidad de propiciar en el alumno aprender a aprender, pues por un lado las cantidades de información no se pueden retener y por otro, los conocimientos que adquiere se vuelven obsoletos en corto tiempo.
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Es necesario que las nuevas currículas universitarias asuman el reto de proponer y organizar experiencias de aprendizaje para el estudiante que promuevan la articulación y eliminen la artificiosa separación entre vida cotidiana y escuela; ello significa reconocer el valor didáctico de la experiencia, enmarcándola en el ámbito institucional, lo que implica otorgarle validez académica en el terreno escolar.

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